Entre hielocos y tazos, mascoticas vituales y furbys, con 8 años de edad, ya Santi tenía un nuevo hogar, pero algo no andaba bien en su pequeña parte del cerebro que mantiene la coherencia. El aún no asimilaba que su nueva casa no tenía puertas en las habitaciones, las paredes no estaban pintadas, no había jardín sino tierra, ni siquiera habían vecinos.
Se habían mudado a una urbanización deshabitada y sin terminar de construir ya que su mamá necesitaba urgente la vivienda, y como consecuencia le faltaban algunos detalles antes mencionados.
No comprendía nada, sus días eran aburridos, el único momento feliz era por las mañanas que se iba a clases ya que podía socializar, pero al llegar a su nueva casa, llegaban los bostezos y se veía obligado a crear sus propias fantasías fuera de la lógica para poder sobrevivir al mundo de la infancia.
Por ejemplo decía que cada año que cumplía tenía una personalidad distinta e incluso un nombre diferente, ejemplo de algunos nombres que colocaba a sus años eran ¨8¨, ¨San¨ o ¨Loco¨.
Tenía un club secreto con su hermana, donde solo ellos dos eran miembros, y solían jugar en las casas abandonadas de la Urbanización.
Con el tiempo su tío Lucas también se mudó cerca, y por consecuente sus únicos vecinos y amigos eran sus primos, con los cuales este intervalo del tiempo los unió eternamente en amistad pura.
Acostumbraban salir de caza. (juego donde iban a un riachuelo cercano a cazar animales) pero jamás lograron cazar nada.
Una vez golpearon un panal de avispas y fue picado por una en el cuello, dejándolo casi sin vida ya que este era alérgico a los insectos.
Con los años fueron llegando más vecinos, unos eran temporales y otros permanentes. A Santi le encantaba la ciencia, la astronomía y la historia. Era un chico muy curioso.
El mundo seguía girando, el eje del universo no se detiene y Santi llevaba dentro de el una creación mágica desarrollandose sin que ninguno de los 2 supiera la existencia de ambos.
Mientras más información se almacenada en un cerebro, mas subreal era la personalidad de su reflejo, que a su vez estaba comenzando a absorber energía como cuando un feto se alimenta a través de la placenta, su potencial ya era del tamaño de una manzana.
En el año 1999 pasaría sus últimas vacaciones en casa de su abuela, ya que el año próximo ella fallece, pero dejó en el y en Morris (su alter ego) una inmensa capa de sabiduría. En ese pueblo aprendió a conectarse un poco más con la naturaleza sin saberlo. Aprendió de agricultura, ganadería, montar a caballo, manejar moto, nadar e incluso experimentó ciertas atracciones por chicas, ya que desde muy joven fue muy impulsivo y enamoradizo.
Ese también fue el último año de primaria de Santi, dónde pasaría sus mejores momentos de todos los tiempos, con personas aisladas de toda conexión, y que solo lograría alcanzar muchos años adelante aunque jamás con la misma intensidad.
Otro de los traumas más exponentes en sus recuerdos está el haber errado un gol, en un penalti de la final de los juegos intercursos, donde a parte de perder el juego, perdió a su primer amor.
Comienza una nueva década de la mano de un nuevo siglo e incluso un nuevo milenio.
El año 2000.
Los planetas se alinean como cada mil años y permiten que las personas vulnerables como Santi reciban aquel chispazo que mencioné en el capitulo anterior.
Una energía pura y cósmica que tiene millones de años pasando por el universo, y que finalmente la simple casualidad fue testigo para que este fuera elegido y así poder dar a luz a su alter ego, Morris.
Aunque un poco prematuro, fue más la confusión que había entre ambos por no saber que estaba pasando, y así duro por un año más.
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